¿Educamos niños creativos?

¿Tiene más prestigio socialmente un matemático que un bailarín? Tristemente parece que sí y las escuelas así nos lo hacen creer desde pequeños. Los talentos diversos y una educación divergente son una combinación única para crear un sistema educativo donde todos salgamos beneficiados y podamos descubrir que la creatividad está en todos nosotros pero se  presenta de formas muy diversas.

Hace ya tiempo que el concepto de creatividad ronda por las escuelas sin saber en muchas ocasiones en qué consiste o cómo fomentarla. ¿Es dejar que hagan y opinen sobre lo que les apetezca?¿Surge sola o hay que provocarla?¿Es posible programar con ella? Estas preguntas surgen en todo docente que ve la necesidad de aflojar las riendas del currículum y que a la vez siente que se lanza a un precipicio sin paracaídas.

bailarinas

Para poder hablar de creatividad, antes deberíamos hablar de motivación ya que los aprendizajes que no emocionan, que no son significativos, quedarán relegados a un rincón de nuestro subconsciente. Esta motivación no se enseña pero sí puede surgir y se transmite de muchas maneras: proporcionando experiencias de éxito que transmitan confianza, trabajando la imaginación o, simplemente, jugando. Pero ¿cómo incluir estos espacios de ideas particulares y originales en nuestra clase tan bien preparada? Primero aceptando que nuestra programación no se desmonta, sólo toma un giro que se deberá conducir y que nos puede llevar a momentos maravillosos. Escuchar todas las opiniones con interés, valorándolas, utilizando el error como algo positivo, algo de lo que aprender, explicando cuentos como medio para desarrollar la imaginación,…son varias de las opciones que tenemos para darles a nuestros alumnos algo sumamente valioso: seguridad para atreverse a opinar, a dar ideas.

 

Una escuela a la antigua

Uno de los obstáculos más importantes con los que nos encontramos son las rígidas programaciones, la utilización excesiva de fichas o demasiados libros de texto incluso en la etapa de Infantil. Todos estos aspectos aparentemente dan una sensación de control y seguridad de que lo estamos trabajando todo pero, ¿a qué precio? Álbumes llenos de folios sobre conceptos de todo tipo pero poco conectados con la realidad del niño o libros que nos marcan lo que a esa edad les va a interesar. Mi experiencia me ha enseñado que les llama mucho más la atención porqué a veces su sombra es larga y otras corta que diferenciar entre círculo y cuadrado. Esto no significa que no se deban trabajar los temas tradicionalmente asignados a cada edad sino todo lo contrario, lo que debe cambiar es el cómo lo hacemos.

En la escuela se enseña a seguir la norma, porque la norma es seguridad y orden y con 26 o 27 alumnos por aula se necesita. Pero no en todos los aspectos de la vida es así, salirse de lo convencional puede dar lugar a un buen científico, diseñador, psicólogo, pintor etc. En los primeros cursos los niños son creatividad pura, sólo en esa etapa haremos las preguntas más increíbles, originales y lógicas de nuestra vida y cada niño las planteará de forma única y personal. A medida que van creciendo, las exigencias de una escuela presionada por la sociedad van haciendo mella en esas pequeñas mentes que cada vez se parecen más y dan los mismos razonamientos. Se les evalúa pidiendo que repitan exactamente lo que el libro dice porque el alumno que más se valora es el que más sabe no el que da una solución más creativa a un problema, cosa que también puede poner en jaque a ese maestro que, al igual que sus alumnos, conoce sólo lo que el libro dice.

ESCUELA ANTIGUA

Aún recuerdo mis años de carrera cuando un profesor daba opción a examen con apuntes o sin apuntes y la clase al completo y por unanimidad decidía la segunda opción ya que sabíamos que lo contrario nos iba a demandar un ejercicio de creatividad, de conexión de conocimientos o de propuestas creativas, algo para lo que no estábamos entrenados.

Y parece que cuanto más avanzan las investigaciones sobre educación más nos damos contra la misma pared. Cada vez existen más métodos y más sofisticados para enseñar materias escolares. Métodos rígidos y repetitivos que hacen que el alumno pueda calcular cantidades sorprendentes o recitar pintores clásicos con 5 años. Los padres quedan maravillados y el niño o la niña se convierten en un prodigio del que todos están orgullosos. ¡Y es que ha estado meses repitiendo lo mismo! Por otra parte, la creatividad del maestro queda también aniquilada ya que para que estos métodos sean efectivos se deben seguir exactamente las guías que se dan incluso respetando rígidos tiempos que no dan opción al diálogo o la observación y reflexión.

A menudo estos programas están dedicados a las áreas “reinas” y por las cuales se intuye si un alumno es más o menos inteligente, la matemática y la lingüística. Pero nos esforzamos en potenciar y cuantificar estas áreas cuando, por suerte, no sólo existen dos ramas profesionales cuando se acaba la escuela.

Más de una inteligencia

Howard Gardner, creador de la teoría de las inteligencias múltiples, afirma que cada persona posee 8 inteligencias, que cada una funciona como un ordenador diferente y ninguno puede predecir cómo funcionará el otro. Por lo tanto cada persona posee un perfil único y no se es más inteligente por tener más capacidad matemática o lingüística.

Cree también que cada persona aprende de manera diferente y que la educación en la escuela debería ser lo más plural posible, es decir, enseñar la misma cosa pero de diferentes maneras para poder llegar así a el máximo de mentes posible. Si queremos que aprendan a sumar podemos hacerlo mediante diapositivas ya que habrá alumnos predominantemente visuales o marcando ritmos al contar ya que otros serán más musicales. El maestro debe utilizar su máxima creatividad para buscar estrategias variadas y llamativas. Nuestro sistema educativo no es salomónico en este aspecto, sólo hay que ver un horario de cualquier curso de primaria para darnos cuenta que las matemáticas y la lengua siguen ocupando amplias franjas horarias. Las materias se presentan de forma aislada y jerarquizada: en hora de plástica sólo se dibuja, se pinta o se hacen manualidades (Durante años he visto trabajos manuales que parecían haber salido de una cadena de montaje más que de una clase) pero también es posible trabajar de forma transversal introduciendo la música, la ciencia o la lengua mientras se trabaja el arte, relacionando las diferentes inteligencias y potenciándolas de forma conjunta.

Cuadros teselasMóvil Calder

Ken Robinson, educador y escritor británico plantea un cambio radical en los sistemas educativos actuales por una educación mucho más individualizada y que favorezca que emerjan los talentos que todos los niños poseen y que, según él, desperdiciamos en las escuelas. En su conferencia Las escuelas matan la creatividad defiende que los niños no tienen miedo al error o a estar equivocados y esto hace que sean más originales, porque si no se está dispuesto a equivocarse no se puede ser creativo. De hecho Thomas Edison en una de sus célebres frases dijo : “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla “. El error puede ser sinónimo de fracaso en nuestras aulas o una invitación a seguir intentándolo, a ser persistentes, a no abandonar un objetivo y a ver cada uno de los intentos fallidos como un aprendizaje u otra manera creativa de conseguir lo que se persigue.

Ken Robinson

Abrir nuestras mentes, y ayudar a nuestros alumnos a hacerlo, a nuevas maneras de pensar y de aprender a dar oportunidades para dar soluciones imaginativas a expresar qué creen sobre su propia pregunta, a creer en ellos como personas que se desarrollan de diferente manera y que poseen talentos diferentes pero todos igual de valiosos. La escuela debe ser una lanzadera para esas ideas únicas que surgen desde todos los rincones de nuestro cerebro, ya sean para calcular mejor o para crear una melodía.

Einstein

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