¡No más rabietas!

Muchas veces como papás nos encontramos que nos faltan recursos y nos desgastamos frente a los excesos y demandas de nuestros hijos.

Tendemos a interpretar sus conductas desmesuradas y exasperantes como manifestaciones de enfrentamiento o muestras de insolencia.

¿Pero y si vamos un poco más allá? ¿y si hubiera otras causas que dieran explicación a las molestas e irritantes rabietas?

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Recientemente estudios en el campo de la neurociencia y la psicología han puesto el foco en nuevas causas para tan desesperantes conductas.

Para poder prevenir o anticipar estas rabietas es importante conocer y reconocer cuáles son sus posibles desencadenantes

Son innumerables los factores fisiológicos, como el hambre, la sed, la falta de sueño o el exceso de abrigo, que influyen en nuestros hijos e inundan su organismo de hormonas de estrés.

Es en ese momento, frente a esta sobrecarga de su sistema nervioso, cuando se desencadena la rabieta con el fin de liberar todas las tensiones acumuladas. Debemos asimilar, y aceptar, que la rabieta es, en muchas ocasiones, su única forma de sosegarse.

En numerosas ocasiones, la conducta inapropiada responde a una búsqueda de estimulación. Como dice Isabelle Filliozat en su libro No más rabietas, “un cerebro ocioso encuentra casi de inmediato una tarea, que no siempre será de nuestro agrado” , y estará en nuestras manos proporcionarle un objetivo que le ayude a centrar su atención desbocada. Con esta nueva meta, su cerebro secretará dopamina, la hormona de la motivación y la conducta voluntaria, que reducirá el estrés e inhibirá sus sistemas del temor y la ira.

Enfrentarse a la sobreexposición de estímulos de un supermercado le resultará mucho más fácil si le encomendamos una “importante misión” que le permita centrar y canalizar su energía y atención.

Otras veces, para evitar una rabieta, bastará con observar e identificar las posibles necesidades fisiológicas y afectivas de nuestro hijo. Intentar satisfacerlas o simplemente nombrarlas, si su satisfacción inmediata no es posible, le servirá de ayuda en este complicado momento. Existen otros factores que pueden ayudar a prevenir una rabieta como son avisar de lo que va a suceder en unos minutos o darle opciones a elegir entre cosas que no consideremos de vital importancia ( qué postre prefiere, qué zapatos se va a poner,…)

Si a pesar de nuestros esfuerzos no hemos conseguido evitar la rabieta, es importante que mantengamos la calma y le ignoremos hasta que cese, pero lo básico será no ceder al capricho.

Según el temperamento puede que hasta se haga daño a sí mismo o a otros. Podemos entonces aplicar la técnica de contención  sujetándolo con fuerza, absorbiendo su estrés para sosegarlo y restituir así su paz interior. Al contenerlo con ternura y firmeza, se desencadena una secreción de oxitocina, hormona que le ayudará a tranquilizarse y le permitirá controlar sus emociones.

Puede ser que frente a una rabieta de su hijo no reconozca ningún de los desencadenantes mencionados, es muy probable entonces que estemos delante de…

¡Un niño comportándose como tal!

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